jueves, febrero 04, 2016



Hace mucho tiempo que no me dedico a escribir, menos a escribir acerca de cosas que me hayan pasado, la verdad es que el tiempo escasea y las ganas andan medio por el piso.
Han pasado tantas cosas en mi vida, tantas tantas, que en realidad no podría sintetizarlas en una palabra, y por supuesto ni pensar en contarlas, pues realmente tendría que explicar cada parte de mi para ello. Ser mamá es la raja, aunque no puedo serlo tiempo completo, porque la vida no me lo permite.
Elegí otro camino, estudiar la carrera que siempre quise, además de dedicarme a un trabajo que me demanda mucho tiempo, y mucha energía mental. Sin embargo, disfruto a mi hija todo lo que puedo. Intenté volver con el Diego, pero no resultó, tras un año separados la cronología nos pisó los talones y al cabo de un año más, volvimos a disolvernos. No me gustaba la vida que llevábamos, así que luché por conseguir algo mucho mejor para Sofía y para mi, una realidad que mi mamá siempre había construido para nosotros:  En Primera instancia arrendé la casa más linda que encontré, no importa si no puedo pagarla, ya arreglaré después. Obviamente escogí lejos de Santiago y cerca de mis padres, ¡algo que siempre debí haber hecho! Encontré un lugar con un nombre de calle súper loco: “Un final feliz, pero sin saber cuál es”. Y la verdad es que mi vida está en ese momento crucial, dónde estoy definiendo hacer todo lo que amo y entregarle tiempo:
Mi hija hermosa, mis padres, mi carrera y mi amado trabajo.
Desde ese ángulo las cosas nunca pueden salir mal, pues si las haces con amor es poco probable que falles en el intento, las energías aparecen instantáneamente como si fuese una sopa de fideos de esas que se hacen en 3 minutos, solo hay que agregar agua y ser feliz.
Por primera vez en mi vida, lo de los chicos no es tema para mi, la verdad es que no tengo tiempo, estoy mucho mejor así, entregada a los aspectos más relevantes de mi vida, ahí, donde de verdad me necesitan.